Cuando pensamos en los ritmos que hoy genéricamente llamamos “urbanos” y su impacto en la juventud, se nos vienen a la cabeza imágenes de jóvenes escuchando canciones con letras que aluden al narco, al dinero fácil, a la ostentación, a relaciones de género sexualizadas, de dominación, ¿qué podemos esperar sino que los jóvenes quieran ingresar a ese mundo, al son de esa música cadenciosa y a todo volumen?
La experiencia del Servicio de Reinserción Social Juvenil nos invita a complejizar esa interpretación.
En primer lugar, la relación entre la cultura y las conductas sociales es mucho menos lineal y directa que lo que ese análisis muestra. La evidencia indica que factores propios de la estructura social -más allá de las manifestaciones culturales, y mucho más difíciles de cambiar: la clase social, los años de escolaridad de los progenitores, la experiencia transgeneracional de la criminalidad, la violencia vivida desde temprana edad en el entorno familiar y barrial, por ejemplo- pesan mucho más en lo que hará un joven con su vida y cómo construirá su identidad, que la música que escucha y los ritmos a los que baila. Esta complejidad ha sido olvidada en distintos momentos de la historia, por una opinión pública que se ha escandalizado por el influjo sobre la juventud del rock and roll, el heavy metal.
En segundo lugar, hemos aprendido que la música urbana también puede jugar un papel importante en los procesos de cambio social y de reinserción. El Programa Liberando Talentos, del Ministerio de las Culturas y las Artes (que tuvo esta semana su cuenta pública) es un gran ejemplo de ello. Desde hace 15 años, el Programa lleva a cabo procesos de formación artística musical multidisciplinaria. Acompañados por profesores, los jóvenes componen, producen y graban canciones en las que expresan su historia y las emociones propias de la privación de libertad. Estos procesos educativos favorecen el desarrollo de habilidades sociales y abren un espacio creativo que muchas veces protege y repara significativamente la salud mental de los jóvenes.
La intervención social eficaz es aquella que les hace sentido a los sujetos. En este caso, eso se consigue con creces. Los jóvenes esperan todos los años la llegada del Liberando Talentos. En sus sesiones, desde un lenguaje artístico que les es familiar y que les gusta, logran trabajar distintos aspectos necesarios para cambiar sus trayectorias. En este caso, la música urbana es un medio que permite apuntalar objetivos de cambio conductual muy difíciles de lograr, con jóvenes que acumulan en sus vidas factores de riesgo estructurales, que como sociedad y como Estado tenemos el deber de ir removiendo, por muy largo que sea ese camino.
Por Rocío Faúndez García
Directora Nacional del Servicio de Reinserción Social Juvenil